| NUESTRA VISIÓN.
Ser una iglesia ganadora de Almas, capacitada y
comprometida para restaurar e impulsar los Valores
Ético, Morales y Espirituales de nuestra sociedad en
general.
NUESTRAS METAS PARA
EL AÑO 2011 ANTES DEL 31 DE DICIEMBRE
- 5 GRUPOS DE
ALCANCE LOCAL POR RED
- TOTAL 30 GRUPOS
DE ALCANCE LOCAL
- 14 PERSONA
CONSOLIDADAS POR GRUPOS DE ALCANCE LOCAL
- 70 PERSONAS
POR RED
- 420 PERSONAS
GANADAS EN TOTAL
NUESTRO CREDO
La Biblia es nuestra
regla suficiente de fe y conducta. Esta Declaración de
verdades fundamentales tiene por objeto simplemente ser
una base para la confraternidad entre nosotros (v.g.,
que todos hablemos una misma cosa, 1 Corintios 1:10;
Hechos 2:42). La fraseología que se usa en esta
declaración no es inspirada ni disputada, pero la verdad
que se presenta se considera esencial para un ministerio
del evangelio completo. No se afirma que esta
declaración contenga toda la verdad bíblica, sólo que
abarca nuestra necesidad tocante a estas doctrinas
fundamentales.
La
doctrina del Concilio de las Asambleas de Dios
consta de los siguientes principios bíblicos
fundamentales:
1. Las
Sagradas Escrituras como la Palabra inspirada e
infalible de Dios, superior a la conciencia y la razón.
Las
Escrituras, tanto el Antigüo como
el Nuevo Testamento, son verbalmente inspiradas por Dios
y son la revelación de Dios para el hombre, la regla
infalible y autoritaria de fe y conducta
(2 Timoteo 3:15, 16; 1 Pedro 2:2.)
2. El Único Dios verdadero,
manifestado en tres personas: El Padre, el Hijo y el
Espíritu Santo como la Deidad adorable.
El único Dios verdadero se
ha revelado como el Eterno
existente en sí mismo "YO SOY", el Creador del cielo y
de la tierra y Redentor de la humanidad. Se ha revelado
también encarnando los principios de relación y
asociación como el Padre, el Hijo, y el Espíritu Santo.
(Deuteronomio 6:4; Isaías 43:10;
Mateo 28:19; Marcos 12:29; Lucas 3:22).
LA
DEIDAD ADORABLE
(a) Definición de vocablos.
Los vocablos trinidad y personas,
según se relacionan con la Deidad, aunque no se
encuentran en la Biblia, son vocablos que están en
armonía con ella, por lo tanto podemos comunicar a los
demás nuestro entendimiento inmediato de la doctrina de
Cristo respecto al Ser de Dios, según se distingue de
"muchos dioses y muchos señores". Por tanto podemos
hablar debidamente del Señor nuestro Dios, que es un
solo Señor, como una Trinidad o como un Ser de tres
personas, sin apartarnos por ello de las enseñanzas
bíblicas (como ejemplo, Mateo 28:19; 2 Corintios 13:14;
Juan 14:16,17).
(b) Distinción y relación
en la Deidad. Cristo enseñó una
distinción de personas en la Deidad que expresó en
términos específicos de relación, como Padre, Hijo y
Espíritu Santo, pero que esta distinción y relación, en
lo que a su forma se refiere es inescrutable e
incomprensible, pues la Biblia no lo explica (Lucas
1:35; 1 Corintios 1:24; Mateo 11:25-27; 28:19; 2
Corintios 13:14; 1 Juan 1:3, 4).
(c) Unidad del Único Ser
del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo
Por lo tanto, de la misma
manera, hay eso en el Padre que lo constituye
Padre y no Hijo; hay eso en el Hijo que lo
constituye Hijo y no Padre; y hay eso en el
Espíritu Santo que lo constituye Espíritu Santo y no
Padre ni Hijo. Por lo que el Padre es el Engendrador; el
Hijo es el Engendrado; y el Espíritu Santo es el que
procede del Padre y del Hijo. Así que, por cuanto estas
tres personas de la Deidad están en un estado de unidad,
existe un solo Señor Dios Todopoderoso y tiene un solo
nombre (Juan 1:18; 15:26; 17:11, 21; Zacarías 14:9).
(d) Identidad y
cooperación en la Deidad
El Padre, el Hijo y el
Espíritu Santo no son idénticos en lo que respecta a
persona; ni se les confunde en cuanto a relación; ni
están divididos en cuanto a la Deidad; ni opuestos en
cuanto a cooperación. El Hijo está en el Padre y
el Padre está en el Hijo en cuanto a relación. El
Hijo está con el Padre y el Padre está con
el Hijo, en cuanto a confraternidad. El Padre no
procede del Hijo, sino el Hijo procede del
Padre, en lo que respecta a autoridad. El Espíritu Santo
procede del Padre y del Hijo, en cuanto a naturaleza,
relación, cooperación y autoridad. Por tanto, ninguna de
las personas de la Deidad existe ni opera separada o
independientemente de las otras (Juan 5:17-30,32,37;
8:17,18).
(e) El título Señor
Jesucristo
El título Señor
Jesucristo es un nombre propio. En el Nuevo
Testamento nunca se le aplica al Padre ni al Espíritu
Santo. Por tanto pertenece exclusivamente al Hijo de
Dios (Romanos 1:1-3,7; 2 Juan 3).
(f) El Señor Jesucristo,
Dios con nosotros
El Señor Jesucristo, en lo
que respecta a su naturaleza divina y eterna, es el
verdadero y unigénito Hijo del Padre, pero en lo que
respecta a su naturaleza humana, es el verdadero Hijo
del Hombre. Por lo tanto, se le reconoce como Dios y
hombre; quien por ser Dios y hombre, es "Emanuel", Dios
con nosotros (Mateo 1:23; 1 Juan 4:2,10,14; Apocalipsis
1:13,17).
(g) El título Hijo de Dios
Siendo que el nombre
Emanuel abarca lo divino y lo humano, en una sola
persona, nuestro Señor Jesucristo, el título Hijo de
Dios describe su debida deidad, y el título Hijo del
Hombre su debida humanidad. De manera que el título Hijo
de Dios pertenece al orden de la eternidad, y el título
Hijo del Hombre al orden del tiempo (Mateo 1:21-23; 2
Juan 3; 1 Juan 3:8; Hebreos 7:3; 1:1-13)
(h) Trasgresión de la
doctrina de Cristo
Por tanto, es una
trasgresión de la doctrina de Cristo decir que el Señor
Jesús derivó el título de Hijo de Dios sólo del hecho de
la encarnación, o por su relación con la economía de la
redención. De modo que negar que el Padre es un Padre
verdadero y eterno y que el Hijo es un Hijo verdadero y
eterno es negar la distinción y relación en el Ser de
Dios; una negación del Padre y del Hijo; y una
substitución de la verdad de que Jesucristo fue hecho
carne (2 Juan 9; Juan 1:1,2,14,18,29,49; 1 Juan 2:22,23;
4:1-5; Hebreos 12:2).
(i) Exaltación de
Jesucristo como Señor
El Hijo de Dios, nuestro
Señor Jesucristo, después de limpiarnos del pecado con
su sangre, se sentó a la diestra de la Majestad en las
alturas, sujetándose a El ángeles, principados, y
potestades. Después de ser hecho Señor y Cristo, envió
al Espíritu Santo para que en el nombre de Jesús se
doble toda rodilla y confiese que Jesucristo es el Señor
para la gloria de Dios el Padre hasta el fin, cuando el
Hijo se sujete al Padre para que Dios sea todos en todo
(Hebreos 1:3; 1 Pedro 3:22; Hechos 2:32-36; Romanos
14:11; 1 Corintios 15:24-28).
(j) Igual honor para el
Padre y el Hijo
Siendo que el Padre ha
dado al Hijo todo juicio, no es solo un deber de todos
en el cielo y en la tierra postrarse ante El, sino que
es un gozo inefable en el Espíritu Santo adscribir al
Hijo todos los atributos de la deidad y rendirle todo el
honor y la gloria contenidos en todos los nombres y
títulos de la Deidad excepto los que denotan relación
(ver los párrafos b, c y d), honrando así al Hijo como
se honra al Padre (Juan 5:22,23; 1 Pedro 1:8;
Apocalipsis 5:6-14; Filipenses 2:8,9; Apocalipsis
7:9,10; 4:8-11).
3.
La Deidad del Señor
Jesucristo y su encarnación sobrenatural.
El Señor Jesucristo es el
eterno Hijo de Dios. La Biblia declara:
(a) Su nacimiento virginal
(Mateo 1:23; Lucas 1:31,35).
(b) Su vida sin pecado
(Hebreos 7:26; 1 Pedro 2:22).
(c) Sus milagros (Hechos
2:22; 10:38).
(d) Su obra vicaria en la
cruz (1 Corintios 15:3; 2 Corintios 5:21).
(e) Su resurrección
corporal de entre los muertos (Mateo 28:6; Lucas 24:39;
1 Corintios 15:4).
(f) Su exaltación a la
diestra de Dios (Hechos 1:9, 11; 2:33; Filipenses
2:9-11; Hebreos 1:3).
4. Los ángeles como mensajeros y
ministradores de Dios.
Éxodo
23:20; Jueces 2:1; Lucas 2:11; Hechos 7:38; Hebreos 1:14
5.
La Creación divina del Universo y del hombre, la
santidad original, su caída y su redención.
Génesis 1:1,26; 2:17;
3:1-7; Romanos 5:12-21
La
caída del hombre
El
hombre fue creado bueno y justo; porque Dios dijo:
"Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra
semejanza". Sin embargo, el ser humano por su propia
voluntad cayó en trasgresión, incurriendo así no sólo la
muerte física sino también la espiritual, que es la
separación de Dios (Génesis 1:26, 27; 2:17; 3:6; Romanos
5:12-19).
6. La Salvación por medio de la
fe en la obra redentora de Jesucristo.
Lucas 24:47; Juan 3:3,16;
Romanos 10:13-15; Efesios 2:8; Tito 2:11
La única esperanza de redención
para el hombre es a través de la sangre derramada de
Jesucristo, el Hijo de Dios.
(a)
Condiciones para la salvación. La salvación se recibe a
través del arrepentimiento para con Dios y la fe en el
Señor Jesucristo. El hombre se convierte en hijo y
heredero de Dios según la esperanza de vida eterna por
el lavamiento de la regeneración, la renovación del
Espíritu Santo y la justificación por la gracia a través
de la fe (Lucas 24:47; Juan 3:3; Romanos 10:13–15;
Efesios 2:8; Tito 2:11; 3:5–7).
(b)
Evidencias de la salvación. La evidencia interna de la
salvación es el testimonio directo del Espíritu (Romanos
8:16). La evidencia externa ante todos los hombres es
una vida de justicia y verdadera santidad (Efesios 4:24;
Tito 2:12).
7. La Santificación por la obra
de Jesucristo, del Espíritu Santo y de la Biblia.
Juan 17:17; Romanos
12:1,2, 1 Tesalonicenses 5:23;
Hebreos 12:14; 13:12; 1 Pedro 1:15,16
La
santificación es un acto de separación de todo lo malo,
y de dedicación a Dios (Romanos 12:1, 2; 1
Tesalonicenses 5:23; Hebreos 13:12). La Biblia prescribe
una vida de "santidad sin la cual nadie verá al Señor"
(Hebreos 12:14). Por el poder del Espíritu Santo podemos
obedecer el mandato que dice: "Sed santos porque yo soy
santo" (1 Pedro 1:15, 16).
La
santificación se efectúa en el creyente cuando este
reconoce su identidad con Cristo en su muerte y su
resurrección, y por fe se propone vivir cada día en esta
unión con Cristo, y somete todas sus facultades al
dominio del Espíritu Santo (Romanos 6:1–11, 13; 8:1, 2,
13; Gálatas 2:20; Filipenses 2:12, 13; 1 Pedro 1:5).
8. El Bautismo en el Espíritu
Santo , como la Promesa del Padre, con la señal física
inicial de hablar en otras lenguas.
Lucas 24:49; Juan 1:33;
Hechos 2:4; 10:46; 1 Corintios 12:4, 10, 28;
Todos
los creyentes tienen el derecho de recibir y deben
buscar fervientemente la promesa del Padre, el bautismo
en el Espíritu Santo y fuego, según el mandato del Señor
Jesucristo. Esta era la experiencia normal y común de
toda la primera iglesia cristiana. Con el bautismo viene
una investidura de poder para la vida y el servicio y la
concesión de los dones espirituales y su uso en el
ministerio (Lucas 24:49; Hechos 1:4, 8; 1 Corintios
12:1–31). Esta experiencia es distinta a la del nuevo
nacimiento y subsecuente a ella (Hechos 8:12–17;
10:44–46; 11:14–16; 15:7–9). Con el bautismo en el
Espíritu Santo el creyente recibe experiencias como la
de ser lleno del Espíritu (Juan 7:37–39; Hechos 4:8),
una reverencia más profunda para Dios (Hechos 2:43;
Hebreos 12:28), una consagración más intensa a Dios y
dedicación a su obra (Hechos 2:42) y un amor más activo
para Cristo, para su Palabra y para los perdidos (Marcos
16:20).
El
bautismo de los creyentes en el Espíritu Santo se
evidencia con la señal física inicial de hablar en otras
lenguas como el Espíritu los dirija (Hechos 2:4). El
hablar en lenguas en este caso es esencialmente lo mismo
que el don de lenguas (1 Corintios 12:4–10, 28), pero es
diferente en propósito y uso
9.
La
Sanidad Divina por la obra redentora de Cristo.
Isaías
53:4-5; Mateo 8:16,17; 1 Pedro 2:24
La
sanidad divina es una parte integral del evangelio. La
liberación de la enfermedad ha sido provista en la
expiación y es el privilegio de todos los creyentes
(Isaías 53:4, 5; Mateo 8:16, 17; Santiago 5:14–16).
10. El bautismo en agua por
inmersión y la Cena del Señor como ordenanzas de Cristo.
Mateo 28:19; Lucas
22:14-16; Romanos 6:4; 1 Corintios 11:23-26; 2 Pedro 1:4
(a) El
bautismo en agua. Las Escrituras establecen la ordenanza
del bautismo en agua por inmersión. Todos los que se
arrepienten y creen en Cristo como Salvador y Señor
deben ser bautizados. De esta manera declaran ante el
mundo que han muerto con Cristo y que han sido
resucitados con El para andar en nueva vida (Mateo
28:19; Marcos 16:16; Hechos 10:47, 48; Romanos 6:4).
(b) La
santa comunión. La Cena del Señor, que consiste en la
participación de las especies eucarísticas
–el pan y el fruto de la vid–
es el símbolo que expresa nuestra participación
de la naturaleza divina de nuestro Señor Jesucristo (2
Pedro 1:4); un recordatorio de sus sufrimientos y su
muerte (1 Corintios 11:26); y una profecía de su segunda
venida (1 Corintios 11:26); y un mandato para todos los
creyentes "¡hasta que él venga!"
11.
La Iglesia como el Cuerpo Místico
de Cristo; Los Ministerios divinamente ordenados y su
misión evangelizadora.
Mateo 28:19-20; Marcos
3:13,14;16:15-20; Romanos 1:1; Efesios 1:22,23; 4:11,12;
Hebreos 5:4; 12:23
La
Iglesia es el cuerpo de Cristo, la morada de Dios por el
Espíritu Santo, con el encargo divino de llevar a cabo
su gran comisión. Todo creyente, nacido del Espíritu
Santo, es parte integral de la asamblea general e
iglesia de los primogénitos, que están inscritos en los
cielos (Efesios 1:22, 23; 2:22; Hebreos 12:23).
Siendo
que el propósito de Dios en relación con el hombre es
buscar y salvar lo que se había perdido, ser adorado por
el ser humano y edificar un cuerpo de creyentes a la
imagen de su Hijo, la principal razón de ser de las
Asambleas de Dios como
parte de la Iglesia es:
(a) Ser
una agencia de Dios para la evangelización del mundo
(Hechos 1:8; Mateo 28:19, 20; Marcos 16:15, 16).
(b) Ser
un cuerpo corporativo en el que el hombre pueda adorar a
Dios (1 Corintios 12:13).
(c) Ser
un canal para el propósito de Dios de edificar a un
cuerpo de santos siendo perfeccionados a la imagen de su
Hijo (Efesios 4:11–16; 1 Corintios 12:28; 14:12).
Las
Asambleas de Dios existe expresamente para dar continuo
énfasis a esta razón de ser según el modelo apostólico
del Nuevo Testamento enseñando a los creyentes y
alentándolos a que sean bautizados en el Espíritu Santo.
Esta experiencia:
a. Los
capacita para evangelizar en el poder del Espíritu con
señales y milagros (Marcos 16:15–20; Hechos 4:29–31;
Hebreos 2:3, 4).
b.
Agrega una dimensión necesaria a la adoración y a la
relación con Dios (1 Corintios 2:10–16; 1 Corintios
12–14)
c. Los
capacita para responder a la plena manifestación del
Espíritu Santo en la expresión de frutos, dones y
ministerios como en los tiempos del Nuevo Testamento
para la edificación del cuerpo de Cristo (Gálatas
5:22–26; 1 Corintios 14:12; Efesios 4:11, 12; 1
Corintios 12:28; Colosenses 1:29).
Nuestro
Señor ha provisto un ministerio divinamente llamado y
ordenado con el triple propósito de dirigir a la iglesia
en: (1) la evangelización del mundo (Marcos 16:15–20),
(2) la adoración a Dios (Juan 4:23, 24) y (3) la
edificación de un cuerpo de santos, para perfeccionarlos
a la imagen de su Hijo (Efesios 4:11, 16).
12. La resurrección de los
redimidos y el arrebatamiento de la iglesia antes de la
tribulación.
Romanos 8:23; 1
Tesalonicenses 1:10; 4:16, 17; Tito 2:13
La resurrección de los que
han muerto en Cristo y su arrebatamiento junto con los
que estén vivos cuando sea la venida del Señor es la
esperanza inminente y bienaventurada de la Iglesia (1
Tesalonicenses 4:16, 17; Romanos 8:23; Tito 2:13; 1
Corintios 15:51, 52).
13. La Segunda Venida visible de
Jesucristo para establecer su Reino Milenial en la
Tierra.
Zacarías 14:5; Mateo
24:27,30; Romanos 11:26,27; 2 Tesalonicenses 1:7;
Apocalipsis 20.
La
segunda venida de Cristo incluye el rapto de los santos,
que es nuestra esperanza bienaventurada, seguido por el
regreso visible de Cristo con sus santos para reinar
sobre la tierra por mil años (Zacarías 14:5; Mateo
24:27–30; Apocalipsis 1:7; 19:11–14; 20:1–6). Este reino
milenario traerá la salvación de Israel como nación
(Ezequiel 37:21, 22; Sofonías 3:19,20; Romanos 11:26,27)
y el establecimiento de una paz universal (Isaías
11:6–9; Salmo 72:3–8; Miqueas 4:3, 4).
14. El Lago de Fuego como castigo
eterno para los impíos, Satanás y los ángeles caídos.
Apocalipsis 19:20;
20:10-15
Habrá
un juicio final en el que los pecadores muertos serán
resucitados y juzgados según sus obras. Todo aquel cuyo
nombre no se halle en el Libro de la Vida, será
confinado a sufrir castigo eterno en el lago que arde
con fuego y azufre, que es la muerte segunda, junto con
el diablo y sus ángeles, la bestia y el falso profeta
(Mateo 25:46; Marcos 9:43–48; Apocalipsis 19:20;
20:11–15; 21:8).
15. El cielo como morada eterna
de los salvos.
Juan 14:2; 1 Corintios
2:9-10; Apocalipsis 21:22
16. Los Cielos Nuevos y la Tierra
Nueva.
1 Pedro 3:13; Apocalipsis
21:2
"Pero
nosotros esperamos, según sus promesas, cielos nuevos y
tierra nueva, en los cuales mora la justicia" (2 Pedro
3:13; Apocalipsis 21:22).
Tomado de los Estatutos
del Concilio de las Asambleas de Dios de Colombia,
sancionados mediante resolución 1071 del 03 de julio de
2003, originaria del Ministerio del Interior y de
Justicia y puesta en vigencia por el Presbiterio
Ejecutivo el 05 de agosto de 2003.
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